domingo, 26 de marzo de 2006

Los tres abismos

Más allá del frente internacional que se cierne como real amenaza sobre nuestra estabilidad, encabezado por el Departamento de Estado norteamericano que ve con temor la epidemia de gobiernos liberales que se ha desatado en Latinoamérica, tenemos en nuestro propio patio tres tremendos escollos de larga data y difícil curación, que representan igual dificultad que el anterior para garantizar el éxito de cualquier proyecto revolucionario.

La pobreza manifiesta en cerros que amenazan derrumbarse sobre miles de vidas humanas y la creciente indigencia que pulula por las calles, no son un problema atribuible a este gobierno, pero tampoco es un asunto que se resuelva sin un proyecto de desarrollo de múltiples centros de producción que hagan atractiva la vida en espacios fuera de la capital. Los cheques millonarios sirven para resolver la inmediatez del drama del damnificado pero no le solucionan el futuro al afectado.

Esa miseria sembrada en el valle de Caracas, alimentada por años por la falsa visión de la riqueza fácil, tan arraigada en nuestra peculiar manera de pensar, no debe seguir siendo la carnada para que la oposición tenga argumentos de ataque al Gobierno y para deslastrarse de su responsabilidad en ese drama. Esos ranchos tienen cincuenta años poblando los cerros sin que hasta ahora hayan sido noticia, a no ser cuando ocurre una tragedia.

Desgraciado el periodismo que vive en las colinas y sólo se ocupa de los cerros para atacar al contrario.

Otro reto, estrechamente vinculado al anterior, es el de la creciente inseguridad. En esta sociedad de antivalores, la ley del criminal se hace sentir, desde el asesinato por robar la ganancia de un día a un humilde trabajador hasta el homicidio por el puro y sádico placer de experimentar el poder de accionar de un arma.

Los cuerpos policiales plagados de delincuentes, un sistema judicial corrupto e ineficiente, las cárceles convertidas en escuelas del delito y un insólito reino de la impunidad, tienen a los venezolanos viviendo entre rejas en sus propias casas.

El tercer abismo, en igualdad de importancia que los anteriores, lo representa la corrupción, la vieja práctica de los gobiernos anteriores que aún no ha sido desalojada de los espacios de la administración pública.

Un simple cambio en el color de la boina le ha permitido a más de uno hacerse de un contrato obtenido sin licitación y a unos cuantos funcionarios hacer contrataciones con empresas de las cuales son socios. Ojalá el caso del Caaez no sea el único que llegue a tribunales.

Hacen falta sanciones ejemplarizantes que indiquen que la lucha contra la corrupción no es sólo una pieza de un discurso político.

El futuro no se nos presenta fácil. Con unos vientos norteños empeñados en descargar marines en las costas de nuestro litoral, con el beneplácito de los golpistas que andan sueltos, y los frentes internos, cada uno más difícil de resolver que el otro, tenemos reto para rato.

Ahora es cuando tenemos que demostrar que también, no sólo los hombres, sino los pueblos grandes se crecen ante las dificultades. Y a nosotros nos sobran los problemas para superar la prueba.
Mariadela Linares mlinar2004@yahoo.es

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