miércoles, 24 de junio de 2009

El grito de la Tierra: La angustia de los pueblos


Hace pocos días nos consternamos con la noticia de la masacre de cincuenta personas en la población de Bagua en la región amazónica peruana. El saldo mortal fue de 50 personas asesinadas entre civiles y policías. Cabe destacar que aún no se sabe quienes asesinaron a los policías; cosa que resulta extraña.
Este crimen constituye un golpe durísimo de parte del gobierno peruano para con las comunidades originarias de nuestra América y al mismo tiempo desde la interpretación del mismo se plantea una nueva forma de lucha por la justicia. La lucha y búsqueda de la justicia no es un insumo que le pertenece a partido o ideología política de manera exclusiva, ésta es característica de los pueblos que ansían emancipación y liberación.
Pese a la desinformación y falta de interés sobre este lamentable acontecimiento por parte de la SIP; de los grandes consorcios norteamericanos y de sus secuaces y pares en América Latina, nos regocija y enorgullece el papel que han jugado los verdaderos y genuinos medios de comunicación social alternativos que han roto ese cómplice silencio.
La verdad sobre el genocidio cometido por Alan García y su gobierno comprometido con la rancia y tradicional oligarquía peruana así como con los TLC con USA y Canadá, radica en el empeño de los grandes grupos económicos y políticos por imponer un modelo hegemónico y globalizador de corte neoliberal, cuyo objetivo es el control geopolítico sobre los recursos energéticos, la biodiversidad y la presencia en este punto estratégico de la región. Todo este proyecto atenta contra la cultura, la naturaleza y el desarrollo sustentable.
¿Qué extraño que los intelectuales que visitaron nuestro país no se han pronunciado? Nos gustaría oir la voz de Mario Vargas Llosa denunciando esta violación de los DDHH. ¿Dónde están los medios de comunicación social privados?
Nuestros ojos y oídos deben estar abiertos y nuestras acciones deben ser solidarias ante estos atropellos asesinos y antidemocráticos.

Martín Zapata
mezapata@cantv.net

jueves, 18 de junio de 2009

Claridad en el mensaje

Uno de los aspectos más importantes en el accionar político y en el terreno electoral es la claridad en el discurso que se transmite a la gente. Este debe ser concreto, hacer una oferta factible y viable, no ser ambiguo y sobretodo es necesario que exista una coherencia entre la propuesta ideológica y la práctica.
En días pasados tuvo lugar en Europa la elección del parlamento, cita en la que la derecha con mínima puntuación obtuvo la mayoría; pero los partidos autodenominados como de centro-izquierda, también conocidos como socialdemócratas, no quedaron muy bien parados. Sin caer en un análisis simploide de los acontecimientos comiciales, es muy probable que el electorado ya esté cansado de discursos que por un lado prometen supuestas reivindicaciones, pero que en la realidad no se alejan mucho de las políticas neoliberales.
Ahora, algo que llama la atención es el ascenso numérico y por consiguiente los espacios que han ido ocupando los grupos y partidos que representan a los movimientos culturales, sociales, ecologistas y de minorías en ese parlamento y en la opinión pública. A diferencia de las organizaciones de la democracia burguesa, que como dijimos anteriormente, recurren a mensajes sociales y en el poder son detractores de los mismos (por ejemplo con las políticas migratorias), éstos nuevos grupos que han venido cobrando fuerza, se alzan como alternativas de representatividad y la simpatía y adhesión que causan se debe entre otras cosas, a la radicalidad en la claridad de sus discursos, es decir, la gente cuando opta por ellos en unas elecciones se siente no sólo identificada, sino que percibe que no va a ser defraudada.
Es clave que los partidos políticos que promueven la inclusión social y la necesidad de los cambios, superen las contradicciones internas, radicalicen su claridad ideológica y tomen acciones que toquen los intereses en beneficio de las mayorías.

Martín Zapata
mezapata@cantv.net

martes, 9 de junio de 2009

Intelectuales vs. Sabiduría

En el Antiguo Testamento el histórico rey Salomón es presentado como un gran gobernante y un extraordinario sabio. Esa distinción le viene dada por la capacidad de saber tomar decisiones, comunicarse de forma sencilla con el pueblo y por la estrecha relación que guardaba con Dios.
La sabiduría es comprendida como uno de los siete dones del Espíritu Santo, y consiste en la capacidad de entender la historia y las adversidades que surgen en el caminar de la vida.
En el Nuevo Testamento, la sabiduría es reservada por el Dios de Jesucristo a los más sencillos. Jesús les da a los apóstoles como norma, que nadie se crea más que nadie y que las decisiones y las posiciones ante la vida se tomen siempre de común acuerdo. La sabiduría está enraizada en una profunda actitud de humildad que vence todo tipo de soberbia.
Los verdaderos sabios son aquellos que nunca se engolosinan cuando se les reconoce o se les exalta. También son quienes apuestan por el bien común y por la justicia. La sabiduría nace de un hondo proceso de donación y apertura a los semejantes en contraposición al egoísmo.
Los hombres más emblemáticos de la intelectualidad, no les gusta llamarse sabios ni intelectuales, sino que andan en la búsqueda de la verdad y en una permanente sintonía con el momento histórico y la realidad social.
Me llama la atención como en días pasados, unos intelectuales primero acepten ser clasificados de derecha y luego se presten para ser tarifados (se ponen un precio) en eventos mediáticos. En tal sentido diría el vicepresidente de Bolivia: “Intelectuales fracasados y pasados de moda”. Cualquier escenario para alimentar el ego, bienvenido sea para su causa.
Ojalá que siempre estén abiertos los espacios para el diálogo de la verdad y sujeto a las críticas para crecer. Cualquiera que sea el bando ideológico al que se pertenezca, el único criterio de lealtad debe ser el bien de todos y la justicia social.

Martín Zapata
mezapata@cantv.net

martes, 2 de junio de 2009

Pestes y políticas de terror

Es característico encontrar en el antiguo testamento de la Biblia, alusiones a pestes y a otro tipo de símbolos enviados por Dios para purificar y/o castigar al pueblo sobre todo cuando éste último ha faltado a algún pacto. Obviamente que es desde una concepción de un Dios castigador. En el nuevo testamento, Jesús libera al hombre del Dios castigador y sádico; puesto que los milagros y las palabras del Evangelio muestran a un Dios que es salvación y portador de Vida en Abundancia.Hoy día, las pestes son creadas en laboratorios para que luego los consumidores-afectados compren los tratamientos médicos. Los países pobres son el lugar especial para probar los experimentos.Todo gobierno, todo organismo público y toda acción nuestra personal tiene que pensar siempre en el bien del colectivo y lo que debe producir es vida alejada de todo fin mercantilista.Así como en el antiguo testamento, los relatos de las pestes y de los castigos divinos generaban miedo y control sobre las mentes del colectivo, en la actualidad los laboratorios inoculan enfermedades terribles como la xenofobia, racismo-clasismo, sexismos, morbo, adicciones a la moda y prejuicios ante lo desconocido y ante todo aquello que sea opuesto a los intereses de los grandes y poderosos grupos económicos. El fin de estas enfermedades consiste en empobrecernos mentalmente, en crear dependencias consumistas a productos y en dividirnos para buscar soluciones en común.En las sociedades que han alcanzado altos niveles de vida, se dan otro tipo de pestes que nadie las diagnostica: suicidio y depresiones, crímenes colectivos abominables, inmolaciones en sectas religiosas y consumo de drogas. Contra estas pandemias tácitas u ocultas de las cuales la OMS no habla, ¿cuál antivirus aplicamos? Pueblos han sido invadidos y exterminados con múltiples métodos para luego apoderarse de su territorio y recursos estratégicos.“El que tenga oídos que oiga y el que tenga ojos que vea”.
Martín Zapata
mezapata@cantv.net