lunes, 3 de octubre de 2005

UNA MISA PARA RENNY

Si es verdad eso que dicen, que los muertos se revuelven en la tumba, Renny Ottolina debe estar haciéndolo, y con furia.
Renny denunció tempranamente la corrupción, el despilfarro y otros vicios de lo que él bautizó como la cogollocracia adecopeyana. Fue, que yo recuerde, la primera voz -¡y vaya que tenía voz aquel hombre!- capaz de hacer llegar ese mensaje al gran público. La izquierda nunca lo había logrado, enredada como estaba en sus discusiones librescas y en las miserias de sus líderes.
Era yo muchacho sin derecho a voto, pero me simpatizaba aquel discurso irreverente, a pesar de que en los círculos ñángaras que comencé a frecuentar por esa época, Ottolina era considerado un farsante, un remedio peor que la enfermedad, un agente de la CIA, un ultraderechista redomado. Yo siempre le concedí el beneficio de la duda, es lo menos que merece alguien que murió en el intento.
Bueno, anécdotas personales aparte, lo cierto es que Renny era antiadeco y anticopeyano en una época en la que estos partidos se repartían todo lo que había en el país, desde el Gobierno hasta las juntas de condominio.
Sus herederos políticos, su hija Rhona y el señor Gonzalo Pérez Hernández, denunciaron hasta el cansancio que aquello había sido un atentado. Juraron que la cogollocracia adecopeyana había ordenado su muerte.
Han pasado más de 27 años de aquel día, cuando se apagó de un soplo la ingenua esperanza de una parte del pueblo que ya comenzaba a rebelarse contra el nefasto puntofijismo. ¿Y qué tenemos? Pues, que el Movimiento de Integridad Nacional (MIN), el partido de aquel líder malogrado, será en diciembre la tarjeta morocha mediante la cual la oposición –incluidos AD y Copei, presuntos asesinos de Ottolina- tratarán de salvar sus arrugados pellejos.
Y, para colmo, los líderes de la vieja izquierda, que lo llamaban agente de la CIA, farsante y fascista, también se ha encaramado en el bote salvavidas del lince Pérez Hernández.
Un amigo, que alguna vez militó en el MIN y ahora es más chavista que Lina Ron, me dijo “no te engañes, no hay traición alguna, si Renny viviera hoy sería otro viejo cacatúo enemigo del proceso”. Yo prefiero creer que, al ver el uso que le han dado a su tarjeta (a la que, además, le borraron el emblema de los lentes), se revuelve furiosamente en la tumba. No estaría de más ofrecerle una misa para que su alma descanse en paz y brille para él la luz perpetua.
(Publicado originalmente en Todosadentro, sábado 1 de octubre de 2005)
José Pilar Torres torrepilar@hotmail.com

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