domingo, 21 de septiembre de 2008

Atletas del odio en la sección deportiva

Han quedado atrás los tiempos en que los lectores hartos de las asquerosidades de la política o de las siempre catastróficas noticias de la sección económica, encontraban refugio en las páginas deportivas.

Hoy en día, en los principales diarios, la información deportiva puede dejar al lector con una sobrecarga de odio político, desconsuelo, desesperanza y complejos de inferioridad nacional mucho peor que las que inoculan la profesora Colomina o el –por fortuna- inimitable Matacura.

Así, pues, las informaciones que supuestamente sirven para el solaz del lector pueden ser muy capaces de llevarlo directo al diván del psiquiatra o, incluso, a los rieles del metro.

Las dosis de pesimismo, resentimiento, autodesprecio y, en suma, de mal producto lácteo, que inyectan las secciones deportivas son de campeonato mundial.

Lo prueba la forma como nuestros periódicos (porque los periódicos son de todos, aunque las empresas que los producen sean de sus dueños) cubrieron las Olimpíadas de Beijing. Los “fracasos” nacionales fueron siempre noticia de primera plana. Estuvimos quince días viendo fotos de boxeadores aporreados, judokas sufriendo ippones y softboleras derrumbadas de impotencia. Muchas de las notas informativas y los comentarios rezumaban una sádica satisfacción, un empeño en deleitarse en los reveses de las y los compatriotas hasta alcanzar una especie de orgasmo de la derrota.

Por otro lado, la victoria de nuestra única medallista olímpica, Dalia Contreras, fue enfocada como un ruinoso negocio. Sacaron las cuentas de los gastos de los 110 atletas en cuatro años de ciclo olímpico y llegaron a la indiscutible conclusión de que la mugrosa medallita de bronce de la taekwondista larense salió carísima.

El corolario de esta política de destrucción de la moral nacional se ejecutó luego, con la cobertura de los Juegos Paralímpicos, también celebrados en Beijing. Para ventura de nuestro maltrecho orgullo, los atletas de judo Naomi Suazo y Reinaldo Carvallo ganaron en la primera jornada, obteniendo una medalla de oro y otra de bronce. Al día siguiente me abalancé sobre las páginas deportivas a ver qué decían. Una de ellas mostraba como principal información la presentación del juego Paraguay-Venezuela, que se realizaría en la noche, en Asunción. Otra presentaba un análisis de la más reciente salida de Johan Santana y una evaluación acerca de si el “Gocho” ha justificado o no el sueldazo que la pagan los Mets. No consideraron que las medallas ganadas merecieran mayor despliegue.

Consulté a mis amigos “deportistas” (de esos que ven los juegos en las tascas), lectores de las páginas especializadas, para saber qué tan afectados están por las matrices de la mezquindad. Uno de ellos se llevó la medalla de bronce al alegar que los Paralímpicos no son unos juegos serios y que sería un engaño al público magnificar la victoria de esos “dizque atletas”.

Otro se colgó la de plata al admitir que le parece bien que los medios se nieguen a darle argumentos al “rrrégimen” para que se atribuya éxitos.

Y un tercero ironizó diciendo que Venezuela debió mandar su delegación de “tullíos” a las Olimpíadas “de verdad”, que tal vez hubiesen hecho mejor papel que los “atletas normales”. Éste, sin duda, se alzó con la medalla de oro del maratón del odio.

José Pilar Torres torrepilar@hotmail.com

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