martes, 4 de julio de 2006

Los semidioses engreídos

(Artículo originalmente publicado en Todosadentro, del sábado 1 de julio)

Leo en la prensa que un grupo de intelectuales ha anunciado su apoyo a la candidatura de Teodoro Petkoff y al enterarme del nombre que le pusieron al acto proselitista comienzo a preguntarme qué clase de mecanismo opera en la mente de alguien cuando se atreve a autoasignarse la condición de “creador”.

Para mí es un enigma. No obstante, de entrada recomendaría a esa gente que, luego de concluida la contienda electoral, le encuentren alguna utilidad práctica y, sobre todo, económica, a su alianza parnasiana y comiencen a dictar cursos de autoestima. Se van a hacer ricos… los que ya no lo sean, digo.

Quiero enfatizar que hablo con respeto, no vaya nadie a creer que me burlo. En realidad, considero que un grupo de individuos que acepte subirse a un escenario con un señor que aspira a ser Presidente, en representación del gremio de los Creadores, tiene mucho que enseñarle a los demás en ese campo tan complejo de amapucharse a uno mismo.

Entiéndanme bien, no cuestiono que alguien se considere creador, de hecho, cuando amanezco optimista respecto al género humano tiendo a pensar que todos los somos. Lo que me parece caricaturesco es que ciertos sujetos piensen que pertenecen a un estadio superior, propio de los elegidos. ¡Caramba –pensé al leer la lista de los asistentes- si este señor es un creador, cómo debemos llamar a José Saramago! Supongo que será “Dios”, lo que, por lo demás, constituiría una buena explicación sobre por qué el escritor portugués es ateo.

Para mí –que si alguna cosa he creado en mi vida es un problema tras otro- este gesto de los Creadores con Teodoro es una nueva y fehaciente demostración de lo que Manuel Vicente Romero-García sentenció en 1896: que Venezuela es un país de nulidades engreídas.

Pero, más allá de esa fatalidad de nuestra idiosincrasia, pienso que el episodio representa de manera inmejorable el dilema de la política cultural de la Venezuela del joven siglo XXI: o volvemos a la etapa en la que unos deslumbrantes huéspedes del Olimpo se reunían a dictaminar lo que es cultura, a hacerse mutuo bombo y a repartirse los presupuestos o seguimos por el sendero que vamos, uno en el que nadie puede pretender que no es un hombre sino un semidiós de paseo por la avenida Baralt. Un sendero en el que todos tienen que sentarse, al mismo nivel, a exponer sus argumentos.

Yo me inclino por esto último. Es lo que creo, del verbo creer, no del verbo crear porque hasta allá todavía no he llegado.

José Pilar Torres torrepilar@hotmail.com

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