lunes, 5 de enero de 2026

Leviatán


Leviatán

Durante años, se construyó en el imaginario de muchos sectores del chavismo la idea de que Rusia y China actuarían como escudos inmediatos frente a una agresión de los Estados Unidos. Sin embargo, la historia demuestra que las potencias no actúan por lealtad ideológica, sino por conveniencia estratégica.


Este comportamiento tiene un precedente claro: al finalizar la Segunda Guerra Mundial, las potencias ganadoras resolvieron el destino del mundo en las Conferencias de Yalta (del 4 al 11 de febrero de 1945) y Potsdam (del 17 de julio al 2 de agosto de 1945). En estos encuentros, los líderes de la URSS, EE. UU. y el Reino Unido acordaron el reparto de las esferas de influencia y la división de Alemania, lo que culminaría en la fractura de Europa por el Muro de Berlín.


Esta "terrofagia" —el apetito voraz por el control territorial— sigue vigente bajo nuevos rostros. Un evento clave para entender esta dinámica actual fue la cumbre entre Donald Trump y Vladimir Putin en Anchorage, Alaska, el 15 de agosto de 2025. No parece una coincidencia que, tras ese encuentro, Estados Unidos movilizara un despliegue militar sin precedentes hacia el Caribe. Todo apunta a una conclusión cínica de la realpolitik: un nuevo reparto de zonas de influencia donde Venezuela es entregada a la órbita estadounidense a cambio de que Ucrania quede bajo el dominio ruso.


La máxima de la política exterior estadounidense es clara: "No tenemos amigos, solo intereses". Esta premisa es compartida por Rusia y China, quienes priorizan sus agendas económicas sobre cualquier alianza solidaria. En este escenario, el "Leviatán" estadounidense proyecta a Venezuela no como una nación soberana, sino como un protectorado de facto, casi como el estado número 51 de su unión.


Bajo esta subordinación, el papel de nuestra patria se degradaría peligrosamente. De ser considerados el "patio trasero", pasaríamos a ser el "excusado" del norte: un territorio destinado a albergar industrias contaminantes y un mercado para la chatarra desechada en el norte.


Nuestra economía quedaría condenada a la periferia, manteniéndonos exclusivamente como proveedores de materia prima. El objetivo final sobre el petróleo sería el desmembramiento de la OPEP, eliminando la capacidad de los países productores de fijar precios, lo que provocaría un colapso en nuestra economía y en el equilibrio energético global.

                     

A pesar de la agresión perpetrada por el ejército norteamericano en la madrugada del 3 de enero, Venezuela ni se doblega ni se entrega.

Noel Martello

snoels@gmail.com